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Monolinguo VII – Satélite

20 Jul

 

The moon is the mother of pathos and pity – Wallace Stevens

Fue a partir de 1957, con el primer satélite artificial, el Sputnik I, que la palabreja comenzó a ser de uso cotidiano a pesar de que desde Nicolás Copérnico (1473-1543) sabemos que la Luna es satélite de la Tierra y que muchos otros planetas, como Júpiter o Saturno, tienen los suyos. Pocos imaginaban por entonces que aquella novedad —vista por entonces como una hazaña tecnológica, pero sin mayores consecuencias prácticas— tendría una importancia tan fundamental en las telecomunicaciones y en la vida cotidiana del mundo de hoy.

El vocablo español proviene del latín satelles, satellitis, tomado del etrusco y usado por los romanos para designar a los soldados de la escolta personal de un rey, príncipe o emperador. Según una leyenda romana, el primer gobernante que tuvo guardaespaldas fue el último rey de Roma, Tarquino el Soberbio (534-509 a. de C.). Posteriormente, por una bella metáfora, la palabra pasó a designar, aún en latín, los cuerpos celestes que orbitan en torno de algunos planetas.

Recomendación monolítica para el nombramiento y la denominación de origen de vuestros perros, gatos, faunos, faunas (satélites naturales de júpiter):  Adrastea, Aitné, Amaltea, Ananké, Aedea, Arce, Autónoe, Caldona, Calé, Cálice, Calírroe, Calisto, Carmé, Carpo, Cilene, Elara, Erínome, Euante, Eukélade, Euporia, Eurídome, Europa, Ganímedes, Harpálice, Hegémone, Heliké, Hermipé, Himalia, Ío, Isonoé, Kallichore, Kore, Leda, Lisitea, Megaclite, Metis, Mnemea, Ortosia, Pasífae, Pasítea, Praxídice, Sinope, Spondé, Táigete, Tebe, Temisto, Telxínoe, Tione, Yocasta. Mayúsculas.

Y aquí el francotirador de satélites, una oda a la materia oscura:

 

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M57: Nebulosa del Anillo

25 Abr

 

Después de los anillos de Saturno, que tan en boga están últimamente, la Nebulosa del Anillo (M57) es, probablemente, el aro celestial más famoso. Brillando en la constelación de Lyra, se entiende que su aspecto es debido a la perspectiva (desde la Tierra observamos el centro de una nube rugosa de brillante gas en forma de cañón). Pero vemos que estas  estructuras circulares se expanden muy lejos de las regiones centrales de la nebulosa, en este fascinante montaje de imágenes tomadas desde el Telescopio Espacial Hubble y otros situados en tierra e imágenes de archivo del telescopio Subaru. Naturalmente, en este bien estudiado ejemplo de nebulosa planetaria, el material incandescente no proviene de planetas. En su lugar, el velo gaseoso representa las capas exteriores de una estrella situada en el centro del anillo- que una vez fue semejante a nuestro Sol- expulsadas tras la muerte de esta. La intensa luz ultravioleta de la ardiente estrella central ioniza los átomos en el gas. Los átomos de oxígeno ionizados producen ese característico brillo verdoso, mientras que los de hidrógeno crean la emisión roja. El anillo central de la nebulosa tiene alrededor de un año luz de diámetro y se encuentra a 2.ooo años luz de la Tierra.